Alcantarilla es uno de los municipios más densamente poblados de España: unos 42.000 vecinos en un término municipal pequeño, con un casco urbano compacto de calles en cuadrícula y prácticamente sin vivienda dispersa. Para un instalador eso define el día a día: bloques de los años 60 a 80 y casas de pueblo entre medianeras, muchas con instalación eléctrica anterior al reglamento de 2002 — cuadros sin diferencial adecuado, cable de poca sección, mitad de la casa sin toma de tierra — y fontanería original de hierro que ya ha cumplido con creces su vida útil.
Las casas entre medianeras son lo que más diferencia a Alcantarilla de otros municipios donde trabajamos. Comparten muros — y a menudo tramos de saneamiento muy antiguos — con la vivienda de al lado, así que una fuga puede asomar como mancha en la pared del vecino y un atasco puede tener su origen dos puertas más allá. Trabajar aquí exige diagnosticar con calma antes de picar, coordinar con los colindantes cuando toca y proteger bien los accesos, porque en muchas calles del casco se trabaja con el material a pie de puerta.
La otra particularidad viene de la huerta. Alcantarilla se asienta sobre la huerta histórica y su red de acequias — no por casualidad el municipio alberga el Museo de la Huerta y su famosa noria —, y en las calles más antiguas eso se traduce en plantas bajas con humedad por capilaridad y en conexiones de desagüe muy veteranas. Distinguir si una mancha es fuga, condensación o humedad del terreno es media solución, y es una consulta que aquí atendemos constantemente.
El agua, como en toda la comarca, es muy dura: la cal es la causa número uno de las averías de agua caliente que reparamos en el municipio. Y por logística, Alcantarilla es terreno cómodo para nosotros: urgencias normalmente en 15–25 minutos, trabajos programados agrupados por días y atención frecuente a locales comerciales y cocheras, un tipo de cliente muy habitual en un municipio con tanta actividad comercial y con polígonos industriales trabajando justo al lado.