Espinardo es una pedanía de unos diez mil vecinos a cinco kilómetros al norte del centro de Murcia, tan cosida ya a la expansión de la ciudad que la frontera solo se ve en el plano. Para un instalador tiene capas muy claras: un casco antiguo de casas tradicionales — muchas con instalación eléctrica anterior al reglamento de 2002, cuadros sin diferencial adecuado y fontanería original — y bloques de los años 70 a 90 que hoy viven una segunda vida como vivienda de alquiler.
Lo que hace distinto a Espinardo es el campus: aquí está el campus principal de la Universidad de Murcia, y eso convierte a la pedanía y su entorno en uno de los grandes mercados de alquiler de estudiantes de la Región. Pisos compartidos, alquiler por habitaciones, cuatro o cinco personas usando a diario los mismos baños, el mismo termo y la misma cocina: las instalaciones trabajan bastante más que en una vivienda familiar, y las averías lo reflejan.
Ese mercado marca también el calendario. Agosto y septiembre concentran las puestas a punto entre inquilinos — todo tiene que estar funcionando antes de que empiece el curso — y los cambios de titular del suministro que piden boletín. Junto al campus, el parque empresarial y tecnológico añade oficinas y locales con necesidades de mantenimiento en horario de empresa, y hacia la avenida Juan Carlos I el perfil cambia a promociones recientes con instalaciones jóvenes.
Y lo que comparte con toda la comarca: agua muy dura. La cal es la causa número uno de las averías de agua caliente que reparamos en Espinardo, y en un piso donde el termo abastece a cuatro personas la incrustación llega antes. Por logística, es de lo mejor servido de nuestra zona: la ruta diaria hacia Molina pasa por la pedanía, así que las urgencias suelen resolverse en 15–20 minutos y los programados se encajan casi cualquier día.